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Salimos de la tierra y llegamos a un planeta desconocido, donde vemos desde arriba distintos grupos de personas reunidas, alzando las manos al cielo, pidiendo, orando, creando religiones.

Un grupo le reza al dios rojo, otro al dios azul, otro al dios verde. El dios rojo dice que es el único verdadero y que los demás son falsos. El grupo rojo tiene un libro milenario que dice que así es y aseguran que fue inspirado por Dios. El verde tiene un libro milenario que dice que así es y que aseguran que fue inspirado por Dios. El azul dice que su profeta es el único que ha resucitado y que está documentado. El rojo dice que su profeta resucitó, fue documentado, y que además su religión se esparció por tres continentes en menos de 200 años. Un sacerdote verde dice que él sabe desde lo más profundo de su corazón que su dios es el único Dios, que siente una experiencia de amor y paz cada vez que reza, que es imposible de alcanzar de ninguna otra forma. El sacerdote azul dice que cada vez que al estar en comunión con su dios siente algo que él sabe que es imposible que ninguna otra persona pueda experimentar sino es a través de su dios.

Los seguidores rojos dicen que su dios es la máxima expresión de amor, que las mismas profecías decían muy claro lo que iba a pasar y así pasó, y está claramente descrito en su libro, con detalles que hacen que dudar sea imposible. Los seguidores azules dicen que su libro tiene profecías que fueron cumplidas y documentadas por las personas que escribieron el libro donde dice que las profecías fueron cumplidas. Los verdes saben que su dios es verdadero porque cuando piden algo, esto que piden sucede, siempre y cuando vaya con el plan de su dios. Los azules saben que si piden algo, esto sucede si es lo mejor para ellos. Los rojos saben que si se juntan dos o más y piden con suficiente fe, aquello que piden puede ser que no se cumpla pero es claro que se cumplirá en el tiempo de su dios. Los azules han visto cómo suceden milagros cuando se pide a su dios, lo han visto con sus propios ojos: ciegos recobrando la vista, personas curadas de cáncer cuando los médicos decían que era imposible salvarse. Los rojos han visto milagros imposibles de explicar por la Ciencia. Los verdes han estado presentes cuando suceden milagros una vez que se reza a su dios.

Los rojos pueden jurar por la muerte propia y la de sus hijos, que el dios rojo es el único verdadero más allá de cualquier duda posible, con certeza absoluta. Los verdes pueden jurar por la muerte propia y la de sus hijos, que el dios rojo es el único verdadero más allá de cualquier duda posible, con certeza absoluta. Los azules pueden jurar por la muerte propia y la de sus hijos, que el dios rojo es el único verdadero más allá de cualquier duda posible, con certeza absoluta.

Y cuando comenzamos a conocer más el planeta nos damos cuenta de que no son tres grupos, sino más de 2,700 grupos distintos. De estos son varios cientos los grupos a los que su dios les dijo que él era el único verdadero y los demás eran falsos.

Y de hecho, si revisamos el libro sagrado de cada una de estas religiones, nos damos cuenta de que no sólo son incompatibles sino que son mutuamente excluyentes.

Nos quedamos al nacimiento del hijo de una pareja de seguidores del dios verde. Antes de que el niño supiera hablar le daban gracias a su dios verde por la vida, por la comida, lo llevaban a las reuniones de su grupo religioso. Cuando aprende a hablar y pregunta de dónde vienen se le explica que fueron creados por el dios verde. Cuando pregunta si hay otros dioses se le explica que hay gente que cree en muchos dioses falsos, pero que el dios verde es el único verdadero. Cuando pregunta por qué, le explican que lo dice su libro sagrado, escrito e inspirado por el dios verde, que documenta la verdad, que su dios produce milagros y que él mismo puede rezar y verá que recibirá lo que pide, ya sea inmediatamente o en el tiempo del dios verde, y que si no lo recibe es porque el dios verde sabe qué es lo mejor para nosotros.

Por cuestión de tiempo no podemos quedarnos para el nacimiento de un niño rojo ni de un niño azul. Pero vemos que los niños verdes tienden a creer en el dios verde y no en el rojo, que los niños rojos tienden a creer en el dios rojo y no en el azul, que los niños azules tienden a creer en el dios azul y no en el dios verde.

Al alejarnos vemos que cada uno de ellos vive su vida para su dios, hablando de humildad.

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