Conversando con una persona sobre la eficacia de la oración, llegó al punto donde generalmente llegan estas discusiones:

“Usted no puede decirme que la oración no existe. Mi abuela tenía cáncer terminal, los doctores le daban 4 meses de vida, y después de orar por ella sanó por milagro”

La fe en la oración generalmente es afirmada muy fuertemente por personas que han tenido ese tipo de experiencia. Y no es para menos. Uno ve a una persona, se reza por ella, y sana. Uno pensaría que es ilógico no creer en la oración después de una prueba irrefutable como esa.

Sin embargo hay un efecto que debemos tomar en cuenta, que se presenta en la oración en general, la Falacia de la Ruleta. Su nombre se debe a que hay muchos estudios que han medido el impacto de las oraciones y lo han comparado con el impacto de los hechos solos. Es decir, han comparado cuántas veces suceden ciertas cosas de forma natural y cuánto varían si se ora o reza por esto. Pero primero tenemos que ver en qué consiste la explicación de la falacia.

Imaginemos que una persona juega a la ruleta y desea que la bola caiga en el número 0. Hay 37 números en la ruleta (del 0 al 36).

Si una persona reza porque salga el 0, y este sale, ante los ojos de esa persona se habrá producido una prueba irrefutable de que sus oraciones fueron escuchadas.

Y esto sucede. De hecho sucede en promedio una de cada 37 veces.

Sin embargo si no sale el 0, las personas en general no son convencidas de que sus oraciones no fueron escuchadas. Tal vez había un Plan en el que era mejor que no saliera porque Dios quiere algo mejor para mí y quién soy yo para cuestionar dicho plan, tal vez no recé correctamente (en mis días de seminarista fui a un par de charlas, no bromeo, de “cómo rezar correctamente”), tal vez no pedí con suficiente fuerza, tal vez no pedí con suficiente fe.

Vemos que este efecto se da todas las veces en las que un creyente no recibe lo que pide. Y de hecho la misma Biblia nos dice que así debe ser (por ejemplo “La paciencia significa esperar el tiempo de Dios sin dudar de su amor”. Hebreos 13:5, entre tantos otros). Esto nos pone en una situación bastante interesante: Tenemos que esperar a que salga el 0 sin dudar sobre por qué no sale. Hacerlo sería ir contra los mandatos de Dios. Y por supuesto no queremos ir contra los mandatos de Dios sabiendo cuál es el castigo por hacerlo.

Dejando de lado el que esté demostrado que el rezar no tiene efecto sobre lo que se pide vemos que el comportamiento de seguir pidiendo se da prácticamente siempre.

Esto nos deja con un modelo que consiste en lo siguiente:

- Si le rezamos a Dios y sucede lo que pedimos, entonces prueba que rezar funciona.
- Si le rezamos a Dios y no sucede lo que pedimos, entonces no prueba que rezar no funciona.

Es claro que no hay forma lógica de salir de este elegante ciclo. No importa si la evidencia dice lo contrario, no importa si rezamos porque salga el 0 y esto no sucede en mil ocasiones, no prueba que rezar no funcione sino que no era el momento adecuado para pedirlo o no era el momento en el que Dios, en su perfección, quería que esto fuera otorgado.

El problema de ese razonamiento es que las veces en las que algo sucede y las veces en las que algo no sucede, son idénticas se pida o no. Dicho de otra forma: La probabilidad de que algo suceda es idéntica recemos o no lo hagamos. Esto ha sido ampliamente estudiado (Galton, Templeton, Mayo Clinic, entre muchos otros).

Lo que pasa es que cuando la sanación (o encontrar trabajo o situaciones similares) sucede, generalmente tiene un impacto tremendo. Es el caso cuando hay una enfermedad grave y los médicos ya no dan respuesta. Ponemos nuestra fe en Dios como única forma de salvación. Rezamos, nada pasa. Pero las cosas no pasan de un día para otro. Rezamos al día siguiente, nada pasa. Nos repetimos que hay que tener paciencia y que Dios tiene un “tiempo perfecto”. Rezamos al día siguiente… y así pasamos varias semanas hasta que un día la bola cae en el 0. El impacto es muy grande como para recordar siquiera cuántos días rezamos sin que nada hubiera sucedido.
Sin embargo hay algo que no nos cuestionamos: ¿qué hubiera pasado de no haber rezado? Aquí es donde los estudios cobran importancia, porque hay un porcentaje de casos inexplicables médicamente y ese porcentaje, según los muchos estudios, es igual al de casos de sanaciones inexplicables en situaciones donde la oración no está presente.

Entonces entramos en negación: No podemos ver que el porcentaje de veces que algo sucede cuando se reza por ello es idéntico al porcentaje de veces que algo sucede cuando no se hace. Y la negación nos lleva a negar lo que los estudios científicos dicen. ¡Lo hemos visto con nuestros propios ojos!, ¡el médico dijo que no había forma alguna de que se salvara! ¿Cómo vamos a creer en un estudio en ese momento?… y negamos los mismos números, negamos la ciencia, y decimos que fue un milagro. La verdad es que ese milagro sí sucede, pero sucede con la misma frecuencia que si no se rezara por ello.

Así como hemos rezado por cosas que no suceden (y nos autoconvencemos de por qué Dios no quiso que sucediera), algunas sí suceden. En el caso de la ruleta es una de cada 37 veces en promedio. Pero si vemos la cantidad de variables que encontramos en la vida, este número es muy superior a 37.

Una vez un amigo se quedó dormido mientras manejaba, al despertar vio que había dos automóviles estacionados y sin poder reaccionar vio que pasó justo en medio de ellos, por centímetros. Él me repetía “¿cómo va a ser que pasé a dos centímetros de cada uno y aquí estoy vivo para contarlo?” La verdad es que de un número finito de veces que se realice el experimento, en la gran mayoría de casos hubiera chocado (y de gente la gente choca todos los días, creyentes y no creyentes en el mismo porcentaje). Si dejamos el automóvil sin conductor ir por una cuesta y repetimos el experimento muchas veces, en la gran mayoría de los casos habrá un choque. Pero existirá un número de veces (mucho menor) en el que pase en medio de los dos automóviles. Esta probabilidad es pequeña, así como la probabilidad de que suceda un milagro también es pequeña. ¡Por eso se llaman milagros! Si no, se llamarían eventos cotidianos.

De hecho, la probabilidad de que un milagro ocurra es tan baja como la de que algo muy poco probable ocurra. Y no decimos que cada evento poco probable es un milagro. La lotería se juega todos los domingos, y el número de veces que sale cada número puede ser medido estadísticamente. Pero si alguien muy necesitado gasta su último dólar comprando un billete porque de no ganar su familia no podría comer, y reza con mucha fuerza y pide a su familia que rece, y el número sale favorecido… es un milagro.

Si usted llegó a este punto significa que no es un fanático religioso, ya que quiere terminar de leer un argumento antes de criticarlo. Si este es el caso y siente una reacción hacia lo que he explicado, es importante lo siguiente: Lo que digo sobre los números no es lo que a mí personalmente me parece, no es una opinión; sino que son números que usted mismo puede comprobar.

Supongamos que le rezamos a un dios inexistente llamado “Inük” (las diéresis le dan un toque de dios antiguo -pero falso- por el cual se sacrificaban vírgenes en los volcanes), que hemos inventado en este momento.

Resulta que los resultados son idénticos al rezarle a “Dios” que a rezarle a Inük.

¿Por qué entonces Inük no responde nuestras oraciones?

Hay muchas explicaciones:

- A Inük no le gusta ser medido por la Ciencia porque es una falta a la fe en Inük Por lo tanto los milagros (básicamente detener y modificar las leyes físicas existentes en el universo para lograr un efecto producto de la petición de una persona) únicamente se dan si no hay testigos a nivel científico ni medidas documentadas. En este caso lo único que habría que hacer para que un milagro no resulte es querer documentarlo, ya que esta acción hará que Inük no se manifieste. ¿En qué difiere este argumento con el de los mediums que dicen que los espíritus aparecen únicamente si no hay científicos presentes porque estos no son dignos de ver apariciones?

- Inük sabe qué es mejor para nosotros. Por eso no importa si rezamos, él nos concederá lo que pedimos en su propio momento, que es perfecto. Esto nos dice que si rezamos a Inük porque salga el número 0, si no sale es porque él tiene un Plan para nosotros. Sin cuestionar entonces “para qué seguir rezando si nosotros mismos no sabemos qué es lo mejor para nosotros y Inük sí y lo dará cuando él lo considere”, vemos que Inük quiere lo mejor para nosotros siempre, pero lo que pedimos concuerda con esto únicamente, en promedio, una de cada 37 veces. Si Inük sabe lo que queremos, ¿no vuelve entonces la oración innecesaria? En el caso de rezar por la salud de alguien: Si Inük es omnisciente y omnipotente, y va a permitir que nuestras oraciones curen a alguien de un cáncer, ¿por qué no simplemente evitar el cáncer? Muy fácil, Inük desea que tengamos oportunidades de mejorar y de reforzar nuestra fe en él. Además, esas cosas no son parte de lo que Inük quiere porque él quiere lo mejor para nosotros. Si inventamos a Inük como dios, entonces nosotros no somos nadie comparados con él para cuestionar sus designios y hacerlo sería un acto de orgullo. De hecho lo mejor sería crear una ley donde se diga que cuestionar las acciones de Inük es malo y debería ser castigado con un castigo terrible. Así si alguien desea cuestionar, y recuerda esta ley, es devuelto a la plataforma en la que no podemos demostrar que la oración no funciona.

¿Digo que Inük no exista?
No. No puedo probar esto como cualquier persona que haya estudiado lógica sabe (la carga de la prueba reside en quien dice que Inük existe).

Lo que digo es que si Inük existe, los resultados de rezarle a la ruleta son exactamente iguales a los resultados de no hacerlo. Esto no demuestra que Inük exista o no. Demuestra que rezarle no tiene ningún efecto.

Varios de estos temas se incluyen en mi nuevo libro.
Le invito a suscribirse a la lista de correos (abajo en esta misma página), y a agregarme en Facebook y en Twitter.

facebooktwitter

Dirección corta:
 

Leave a Reply

Post Navigation

 

Reciba actualizaciones

Revise su correo y confirme la suscripción