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La relación entre Ciencia y Religión es más compleja de lo que acostumbramos a pensar. La razón es que somos el producto de una Historia, nacimos en un momento en el cual muchas cosas se dan por hecho y no las cuestionamos más allá de lo que aprendimos sobre ellas.

Más allá de la diferencia entre definiciones de Ciencia, hay elementos que no podemos dejar de lado. La Ciencia se ocupa de un orden y estructuración de nuestro conocimiento, está basada en la evidencia experimental y en conocimiento teórico que ha sido previamente demostrado. Es, en su nivel más profundo, la forma que tenemos para explicar el Universo de las cosas verdaderas y comprobables.

Por su parte la Religión también nos da explicaciones. Nos explica el por qué estamos en este mundo, qué hay más allá de lo que podemos ver, nuestras guías morales, qué hubo en el principio, y qué habrá en el final.

Así como he explicado anteriormente, el nacimiento de ambas es el mismo: Personas buscando explicaciones porque su naturaleza de ser humano se los pide, y personas dándolas con el conocimiento que en ese momento se tiene.
Como creyente yo creía que no había contradicción entre ambas. De hecho a cualquier religioso no fanático que le preguntemos, dirá que es religioso pero que acepta sin problema los descubrimientos científicos, incluso que los abraza y que los busca. Y me parecía que no existía ninguna contradicción y que podía haber coexistencia. Esto por lo que comentaba acerca de ser el producto de nuestra historia. Sin embargo no es como yo pensaba.

En la actualidad no vemos la Religión como una explicación a los misterios del Universo, y por eso olvidamos su origen y no vemos a la Religión como una Ciencia fallida. Sin embargo muchos creyentes siguen recibiendo explicaciones de la Religión, incluso al punto de no aceptar explicaciones científicas porque de alguna forma contradicen sus creencias. El caso de los creacionistas es un claro ejemplo: niegan evidencia abrumadora y hacen malabarismo lógico con tal de no contradecir sus creencias.

Vemos también culturas como la griega o la china, y descubrimos que hay una preocupación de comprender el Universo de una forma científica. Sin embargo generalmente pasamos por alto el que la Biblia comienza con la explicación de las preguntas más fundamentales del ser humano. El libro del Génesis es exactamente eso: el relato que explica cómo nació el Universo, el Mundo, y el Hombre.
En nuestro tiempo los religiosos más instruídos (obviamente descartamos a los Testigos de Jehová) saben que el Génesis es un relato; muchos lo toman como simbólico, otros como un simple cuento que ha sido incorporado a la Biblia. Sin embargo el hecho de que sea un relato, y mucho gracias a Julius Wellhausen, es lo que sabemos ahora, en nuestro tiempo. En la antigüedad no era un relato simbólico, era la explicación misma del principio del Universo, del Mundo y del Hombre. Era una explicación que buscaba satisfacer nuestros cuestionamientos sobre la naturaleza de una forma coherente mediante los medios y conocimientos que se tenían en su momento. El Génesis le explicó a millones de personas durante muchos años cómo había nacido el Universo. Y durante muchos años no hubo ninguna contradicción entre lo que decía la Ciencia y lo que decía la Religión ya que la Ciencia estaba básicamente dormida al no ser necesaria. Por supuesto que ahora nos costaría mucho pensar en que un religioso no aceptara los hechos científicos como evidentes. Sin embargo este no era la situación en esos días. Algo interesante con respecto al Génesis es que las personas comunes han ido descartando aquellos puntos que son científicamente demostrables a medida que pasa el tiempo y se acepta la Ciencia (el que el hombre haya sido creado del polvo, la mujer de una costilla, una serpiente parlanchina, etc.) pero acuden al Génesis cuando se habla del principio del Universo, algo que todavía la persona común no sabe que es en gran medida explicable (Smith, Krauss, etc.). Este caso, así como en general cualquier referencia al “dios de los huecos” (God of the gaps) hace que veamos de frente un fósil de lo que en algún momento fue nuestra forma de recibir una explicación y estar satisfechos con ella.

De vuelta a nuestro caso, el caso de Galileo es muy ilustrador porque nos muestra que en aquellos días no importaba tener evidencia, si iba contra la Religión era tomada como falsa. En aquellos días había una explicación posible, y cualquier cosa que la contradijera era tomada, por decirlo de forma suave, con poco entusiasmo.

Llegó un punto en el que las explicaciones y la evidencia eran abrumadores, y la Religión tuvo que comenzar a aceptar las explicaciones de lo que ahora era algo de naturaleza distinta. Ya la Religión no buscaba explicar aquello de lo que se ocupaba la Ciencia. Y en esta carencia de contradicción aparente vemos a grandes científicos y mentes matemáticas que eran profundamente religiosos. Descartes y Newton pueden ser los más grandes exponentes. Las explicaciones de Simón de Laplace sobre las teorías de Newton en las que atribuía a un dios lo que no era posible explicar son un ejemplo claro de esta brecha que se abre en la mente de una persona totalmente racional y sensata. Brecha, tal como vemos en el transcurso de la Historia, que ha ido dejando a Dios en problemas sumamente específicos que no han sido explicados. Uno de estos “huecos”, por ejemplo, es la moral. Repetimos “la Ciencia no puede explicar la moralidad ni los marcos de valores que rigen nuesras vidas”, al mismo tiempo que vemos cómo hay cada vez más experimentos neurológicos que van despejando las dudas que teníamos con respecto a aspectos que, de sólo ser nombrados hace 20 años, hubieran sido catalogados de herejía.

A partir del momento en que las explicaciones de la Ciencia eran más coherentes que las de las religiones, la Historia sigue su rumbo. Ya desde el Renacimiento una persona podía ser tanto científica como religiosa, sin sentir que hubiera una contradicción. Vemos como durante siglos grandes mentes científicas siguen siendo religiosas, al punto de que en este momento, todavía existe un grupo de científicos que creen en un Dios personal.

Sin embargo este porcentaje ha ido disminuyendo drásticamente. Según los estudios realizado por la Revista Nature en distintos momentos históricos, el porcentaje de científicos de élite en Estados Unidos ha venido cayendo al grado que en 1914 el porcentaje de ellos que creía en un dios personal era de apenas un 27.7%. Y ha ido decreciendo muy rápidamente al punto en que el 1998 este número era de apenas un 7%.

Pese a todo, todavía se tiene la idea de las explicaciones de la Religión y la Ciencia pueden coexistir. Vemos a grandes científicos como Francis Collins, director del proyecto del Genoma Humano por varios años, respetado por sus colegas, perteneciente a ese 7%. Creemos, por ser el resultado de una Historia que ha tomado estos caminos, que Ciencia y Religión son no excluyentes. El problema es que ambos son por naturaleza antagónicos.

Por un lado la Ciencia se basa en la evidencia, en lo que podemos considerar real por ser confirmable, en lo que podemos definir como existente. Y es muda con respecto a lo que no sabe. La Ciencia busca estar equivocada: es la única forma en la que puede avanzar. La Ciencia parte del hecho de que cualquier explicación tiene que ser respaldada por la evidencia.
Por otro lado la Religión se basa en la fe, en lo que consideramos real porque creemos, y tiene explicaciones para problemas que la Ciencia no puede explicar. La Religión busca (ni siquiera busca: necesita) no estar equivocada.
Lo que a veces no vemos claramente es irónicamente el aspecto central de esta dicotomía: No podemos tomar como verdadera una forma de explicar el mundo basada en la evidencia y al mismo una forma de hacerlo basada en la carencia de ella.
Inmediatamente yo puedo decir “Eso es totalmente falso. Yo creo en Dios pero creo en la Ciencia y sé que la gravedad existe”, o decir “Yo puedo creer en Dios y saber que el agua está hecha de hidrógeno y oxígeno, lo cual es un hecho científico”. Y todos estaríamos de acuerdo en que podría ser cierto. Pero no es de lo que estoy hablando. Creemos que sí, pero no. Lo que digo va a un estadio distinto, más profundo a nivel de la naturaleza de ambas cosas.
No me refiero a que la Religión acepte los hechos comprobados por la Ciencia (pese a la existencia de evolucionistas y otras personas que nos hacen sonreír), no digo que un religioso tenga que rechazar la Teoría de la Relatividad, tampoco que la Religión no deba adoptar como parte de su explicación del Cosmos los descubrimientos científicos. Me refiero a que en su nivel más básico no podemos aceptar explicaciones de un sistema basado en la evidencia y otro basado en la falta de ella, y decir que ambos son verdaderos. El nivel más básico es el inicio de toda explicación que pueda dar cualquiera de los sistemas. No podemos decir “creo en un sistema que se basa únicamente en explicaciones a partir de la evidencia y descarta todas las explicaciones que no la tengan, pero al mismo tiempo creo en un sistema que se basa en explicaciones sin evidencia”.

La Religión ya no puede dar explicaciones. Ya no puede ocuparse de esta área porque ahora sabemos que a nivel fundamental ambos sistemas son contradictorios. Ya su naturaleza es distinta. El área que corresponde a las explicaciones ha pasado en su totalidad a la Ciencia.

Uno de los católicos a los que más admiro, el padre George Coyne (ex director del Observatirio del Vaticano), lo dice muy claramente: “Contrario a lo que muchos católicos hacen, ver a Dios como una fuente de explicación. Dios no es un dios de explicaciones, principalmente, es un dios de amor. Y consecuentemente aceptaría que Dios es un dios superfluo si estoy buscando un dios que explique cosas.”

Para un creyente, aceptar el hecho que la Religión no da explicaciones sobre el Universo, el Mundo, y el Hombre, es un paso muy grande. El virus de la idea de que puede hacerlo no está sólo en la mente de los creyentes, los mismos ateos han sido infectados porque somos producto de una Historia donde esto siempre ha sido así, y tienden a caer en discusiones que no tienen sentido por tomar como base que la Religión podría dar dichas explicaciones a un creyente.

¿Entonces la Religión no puede explicarnos nada? Si usted es creyente y ha llegado a esta conclusión seguramente ha leído el artículo a la defensiva. La Religión puede dar explicaciones dentro de la misma lógica circular que la define. En esto no hay ningún debate. La Religión puede, por ejemplo, explicar qué pasa si pecamos de forma conciente y no nos arrepentimos. Lo que no puede es explicar la existencia del Infierno. Las explicaciones de la Religión se limitan a la Religión y a cosas que podrían ser reales, pero no a las cosas que lo son.

Una vez que comprendamos este hecho, nuestros debates serán más coherentes.

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One Thought on “Ciencia y Religión: El límite de sus explicaciones

  1. No creo siquiera que deba haber un debate sobre este tema. Solo hace falta, seguir abriendo los ojos y la mente, para darse cuenta simplemente con sentido común (eso si que falta y mucho) que no tiene sentido ni lógica, seguir creyendo y patrocinando, grupos y bases, que solo han demostrado a día de hoy, que perjudican la convivencia del ser humano. La religión, es verdad, abarca muchas cosas. Desde creencias, hasta valores… Valores que en muchos casos, pueden ser válidos. La cuestión es que, no nos hace falta de esa religión, para aprender de esos valores. Estos pueden ser aprendidos en la educación laica. Y aqui el problema o debate es otro. La educación Laica, es lo abierta y válida que debería ser a día de hoy? o es mas demagógica de lo que suponemos?

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